El Movimiento Moderno se quedó en la cuneta.

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El casco antiguo del pueblo de Medinaceli se ha salvado de la especulación gracias a que la actividad económica del pueblo ha llevado a la creación de un segundo núcleo(1) sobre el antiguo trazado de la carretera N-2 de Madrid a Barcelona, separado un par de quilómetros del primero, donde disponer los pequeños hoteles y restaurantes de carretera y servicios asociados y viviendas. El casco antiguo, alejado del trazado de la carretera, está en la cima de la falla que marca el límite sur de Castilla-León vigilando un paisaje árido, alucinante, bellísimo. Medinaceli tiene de todo: ruinas romanas que indican el origen de la ciudad y están bien conservadas e incluyen un arco de triunfo que convierte las vistas lejanas en paisaje e iglesias cristianas y una plaza renacentista y corralas y estructuras de piedra y de madera i de barro y unas calles bien tensionadas y unas alturas preservadas bajitas con una volumetría urbana íntegra y preciosa, e incluso alguna intervención de arquitectura contemporánea convenientemente sensible y mimetizada y construida y preservada con buen gusto.

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El arco de triunfo romano de Medinaceli.

Cuando entramos en el pueblo viejo encontramos un aparcamiento gigantesco con vistas (todo lo que no sea estar dentro del pueblo se recompensa con estas vistas flipantes) limitado por una pequeña construcción de ladrillo revocada y pintada de un ocre bastante cutre ubicada justo al límite de la falla, alineada con el arco de triunfo, controlando vistas en forma de proa. Si miramos esta construcción más de cerca comprobaremos que está formada por un edificio principal relativamente pequeño, de dos plantas, coronado por un tejado a cuatro aguas con teja árabe de baja pendiente, tejado contenido dentro de los límites de la volumetría, marcando un volumen puro sin aleros. A este cuerpo se le adosan una serie de cuerpos más pequeños y una valla. Uno de estos cuerpos es un pabellón de planta baja cilíndrico que se macla armoniosamente con el cuerpo principal. Los otros son cuerpos auxiliares sin interés que se han adosado posteriormente sin orden ni concierto.

El estado de la construcción es preocupante. El tejado a cuatrto aguas aguanta bien. Se insinúa una pérgola de acceso de la que tan sólo quedan dos hierros retorcidos. El cuerpo cilíndrico tiene el tejado hundido y llueve dentro.
Una segunda mirada se fija en la composición del volumen, en su armonía con el paisaje, en la organización lineal y en el juego de proporciones entre el cuerpo alto y el cuerpo cilíndrico. Esta segunda mirada detecta fácilmente los añadidos, los borra y se queda con los rastros de un edificio estimable construido con mucha intención. La tercera mirada se fija en detalles tales como las ventanas sin aristas verticales (el muro se dobla y se mete dentro), una cierta voluntad de horizontalidad, la estructura del cuerpo cilíndrico y algunos pequeños detalles más que han sobrevivido gracias a su composición cuasi-estructural, ya que cualquier sobreañadido ha desaparecido.

Mi visita detectó todo esto ya la primera vez que visité Medinaceli, quedando impresionado por esta pequeña construcción. Mi cerebro la catalogó como algo que valía la pena tener en cuenta y la archivó hasta que este octubre una fotografía me permitió identificarla.

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Aquella construcción son las ruinas de uno de los albergues de carretera que los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez construyeron allí. La identificación se produjo gracias a la visita guiada que el museo ICO tuvo la amabilidad de hacerme a pesar de que la exposición (que se podrá visitar hasta enero y es imprescindible) todavía no estaba terminada de montar. Interpelados sobre el proyecto de los albergues, ICO me puso en contacto con la arquitecta María José Rodríguez Pérez, que, juntamente con el arquitecto Antonio Ceresuela Puche se pueden considerar una referencia al respecto gracias a un artículo exhaustivo sobre el tema que incluye el redibujo de todo el material.

Los albergues de carretera son un proyecto inventado por Carlos Arniches y Martín Domínguez en las páginas del periódico El Sol en el que solían escribir artículos en su juventud. La asociación de estos dos arquitectos nace circunstancialmente: el mucho trabajo que tenía Arniches lo lleva a tener que estar en dos sitios diferentes a la vez en el principio de su carrera (Bilbao y Madrid) de manera imperiosa. El arquitecto lo va a resolver pidiendo a su amigo Martín Domínguez que asista a la reunión de Madrid en su nombre. De este favor nace una asociación profesional que sólo podrá romper la salvaje represión de la dictadura, que desposeerá a Domínguez de su título y lo condenará al exilio en Cuba primero y en los Estados Unidos más tarde, donde desarrollará una interesantísima carrera que comprende la construcción de un buen número de edificios de gran calidad y una importante carrera académica, y que condenará a Arniches a un doloroso exilio interior que lo llevará a la construcción de grandes obras (un mínimo de dos poblados de colonización y el Centro de los Estudios del Tabaco en Sevilla, todas ellas de una calidad nada despreciable) desde una posición voluntariamente marginal que lo relega al estatus de vieja gloria que ya no se codea con los arquitectos que se sienten cómodos (o al menos capaces de decir cosas interesantes) bajo el régimen de Franco. Arniches morirá prematuramente a los 63 años.

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Perspectiva de concurso para los Albergues de carretera.

En sus años de gloria Arniches y Domínguez constituirán el paradigma del arquitecto comprometido capaz de entender cualquier pieza que toquen como una obra de país. Formarán parte de la vida cultural del país como miembros activos del GATEPAC y asesores arquitectónicos de la Institución de Libre Enseñanza, entre mil cosas más que la exposición o el catálogo de ICO pueden ilustrar. Este compromiso los llevará a analizar el plan de carreteras estatal, que pavimentará centenares de quilómetros de vías rápidas y permitirá, especulan, que los urbanitas puedan visitar el territorio con su propio automóvil con total independencia para ir donde quieran.

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Salón interior del albergue de Quintanar de la Orden con el plano de la red de albergues grafiado en la pared.

El encargo será propuesto al recientemente creado Patronato de Turismo de España (1929), que se lo cree, se compromete y convoca un concurso de arquitectura para la creación de un proyecto tipo “moderno” de albergue(3) a montar en una parcela de unos 2000m2 ubicada al lado mismo de una carretera. La parcela ha de ser de propiedad municipal. La distancia a la carretera puede ser mínima porque el tránsito de la época era escaso y su velocidad media de unos cuarenta quilómetros por hora. El albergue incluirá diez habitaciones para turistas, pensadas para que éstos hagan estancias cortas de unas pocas horas, una noche o dos máximo, una vivienda para el administrador y estancias de servicio para un parque de mecánicos, ya que los coches no son lo suficientemente fiables como para pensar que podrán emprender un viaje sin ser revisados constantemente. La instalación se completa con una pequeña gasolinera.

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Planos del proyecto tipo para los Albergues de carretera en la versión finalmente construida.

Arniches y Domínguez se presentan al concurso y barren a sus rivales ganando por unanimidad: lógico si pensamos que ellos han concebido el proyecto. La calidad del resto de las entradas de concurso será tan alta que moverá al jurado a crear bastantes accésits y a remarcar otros proyectos(4). Hay que pensar que Arniches y Domínguez ganan porque lo tienen todo pensado: el tipo de construcción que han de emplear, las mediciones, la manera de combinar proyectos tipo, su capacidad para variarlo. Los arquitectos no están especulando. Están comprometidos con una tarea que ellos consideran de país y los quieren construir.

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Perspectiva de la versión descartada de Arniches y Domínguez.

Y los construirán.

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Albergue de Quintanar de la Orden y su relación con la carretera.

El tema del proyecto tipo tiene algo de manifiesto: el Movimiento Moderno considera que los proyectos no tiene tanto que ver con el lugar como con su funcionamiento interno. El mismo proyecto, por tanto, será susceptible de ser montado, pongamos, en Argel y en Moscú(5). La construcción no estará nada forzada: luces cortas, teja inclinada (rematada inferiormente con aristas vivas por aquello de que lo verdaderamente moderno es el cubo), muros de carga. Los elementos que dan a la construcción un aspecto verdaderamente moderno están superpuestos: la marquesina triangular, eventualmente usada coma surtidor de gasolina, y un bellísimo grafismo tanto a la hora de dibujar los planos como de elaborar la señalética. Cosas del posibilismo con que el racionalismo entró en nuestro país a través de la Generación del 25 madrileña (a la que podríamos adscribir a Arniches y Domínguez) u de los arquitectos novecentistas catalanes (que encuentra su máxima expresión en los hermanos Puig i Gairalt).

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El albergue del Manzanares y su estilo de construcción “razonable”.

Se van a construir doce de estos albergues. Algunos de ellos sobreviven, la gran mayoría desfigurados, mutilados, deformados de tanto uso que han tenido. En este aspecto el de Medinaceli es una buena muestra y volveré a centrarme en él.

El albergue de Medinaceli se empieza a construir en 1932 sobre una parcela de titularidad municipal. La adaptación del proyecto tipo y su construcción correrán a cargo de Carlos Arniches en solitario. El año 1935 será por fin inaugurado. A principios de la Guerra Civil será requisado por las tropas golpistas como alojamiento. Después de la guerra el edificio volverá a su función original. En algún momento el arquitecto Manuel Sáinz de Vicuña lo somete a las obras de ampliación que lo desfiguran por detrás. El albergue seguirá funcionando como tal hasta 1972, cuando ser cerrado por su insalubridad. Medinaceli lo seguirá explotando como hostería casi hasta el 2000, momento en que algunas partes del mismo se empiezan a usar como almacén municipal hasta la actualidad. Cada vez que cambia de uso se malogra una parte.

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El edificio, sin embargo, aguanta. Y más: esta resistencia lo ha convertido (pensemos: un organismo de servicio concebido para visitar, estimar y preservar el patrimonio) en patrimonio. Es, en cierta medida, el patrimonio del patrimonio. Parte de la historia del desarrollo de un país que luchaba por construir estructuras de estado que permitiesen lentamente variar una condición que en cuarenta años de dictadura y cuarenta más de democracia apenas se ha paliado(6). No se trata sólo de la calidad de este edificio, todavía reconocible y apreciable: es lo que éste significa. Es su historia, la historia de la implantación de estos albergues cruzada con la historia de las bibliotecas, de las escuelas, de los centros de salud, etcétera, una historia de progreso que haríamos bien recordando y siguiendo.

El edificio es recuperable. La parcela sigue siendo de propiedad municipal. Su función principal (hotel para turistas), perfectamente viable. Tan sólo se requeriría voluntad y una adecuación de las habitaciones, que actualmente montan unos requerimientos de calidad más altos, para recuperar este y otros albergues de la red. Desde aquí lo reivindico y hago un llamamiento a que el patrimonio de Medinaceli cuente, en un futuro, con una obra del GATEPAC.

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La privilegiada relación con el paisaje del albergue de Medinaceli: esto es recuperable.

(1) Que todavía no se ha transformado en paisaje a pesar de ser un lugar más que interesante en esta configuración de edificios urbanos y anónimos en un lugar que no tiene nada de urbano y poco de anónimo si se conoce bien (aunque la velocidad de la carretera lo transforma todo) y que incluso tiene perlas arquitectónicas tan estimables como una pequeña iglesia de los hermoanos Fco. Javier y Juan Bellosillo(2)
(2) Y los Bellosillo, todos ellos (y son saga), tienen una historia absolutamente apasionante e injustamente olvidada que me he prometido escribir algún día pero que no sé cómo porque están todos en Madrid y eso me obligaría a un Verkami o así. Un flipe, ya os digo.
(3) Los albergues no son el origen de los paradores. Ya desde el primer momento coexisten las dos tipologías y se considerará que la tipología de parador requerirá de un proyecto específico para cada uno de ellos.
(4) Como podéis imaginar no tengo información sobre ellos y por tanto tengo que usar estas vaguedades. Pero el clima cultural de la época y las ganas que tenían todos hace pensar que esta afirmación no es nada exagerada.
(5) Que es donde Le Corbusier propondrá exactamente los mismos edificios. Por no hablar de sus Unités, cinco construidas y todas casi clónicas.
(6) Liso y llano: España está seriametne desequilibrada, con un déficit de población importante y una dependencia excesiva de la capital y del litoral mediterráneo. Esto, que ya se intuía durante la dictadura de Primo de Rivera, se convierte en el caballo de batalla principal de la República y se usa como arma política durante el franquismo, cuando convenía un país subdesarrollado. Después poco se ha hecho al respecto.
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