Al borde de la crítica: Postcrítica

Roca_5Nov_ALTA_052_def

El pasado 5 de noviembre se celebró en el Roca Madrid Gallery la segunda sesión de Al borde de la crítica. Brijuni arquitectos (Bea Villanueva y Paco Casas) y Santiago de Molina comisarían una serie de mesas redondas donde se reflexiona sobre aspectos accesorios a esta disciplina para trazar algo parecido a un panorama tanto sobre la diversidad de modos de ejercer la arquitectura como sobre la manera en que ésta se encuentra con la sociedad, o se devuelve a los propios arquitectos, o se devuelve a los arquitectos en cuanto a ciudadanos. O todo a la vez. Fui invitado a la segunda sesión en compañía de los arquitectos Juan Antonio Cortés y Eduardo de la Peña. Nos moderó el arquitecto Arturo Franco.

Roca_5Nov_ALTA_027_def

Juan Antonio Cortés es catedrático de Composición en la ETSA de la Universidad de Valladolid. Su ponencia partió de la constatación de la caída en desgracia de la figura del crítico, a quien se ha despojado de su juicio, de su autoridad y de su distancia(1). La pérdida del juicio es la pérdida del derecho a la crítica. La pérdida de la autoridad se corresponde con la pérdida del privilegio de hablar en nombre de otros. La pérdida de la distancia es la pérdida de la independencia. Un tiro a la línea de flotación. La condición post-crítica aparecería en este contexto como una liberación de los corsés históricos, teóricos y políticos. En última instancia, estas pérdidas conducen al relativismo.
Cortés reivindicaba la crítica. Crítica como un modo de ejercer la profesión (y aquí saltaban a la palestra arquitectos como Rossi, Moneo, Siza o un Koolhaas por momentos demasiado cínico) y crítica como instrumento de proyecto. Crítica como disciplina autónoma que desvela los principios de una obra de arquitectura. Aquí cabe, también, el análisis comparado, apoyado éste por una larga tradición, que aporta diversos tipos de contexto a la obra. Cuanto más incisiva y precisa sea una crítica mayor será su capacidad de relación.
Cortés apuntó varios temas de debate, como la crítica a partir de la propia disciplina o la pregunta final de su intervención: si cabía pensar (ante el cierto vacío al que la disciplina se ve volcada en la actualidad) que la actividad crítica había aumentado si se incluía en este concepto todo lo que se difunde vía internet.

Roca_5Nov_ALTA_033_def

Eduardo de la Peña apuntó a la responsabilidad social del crítico en cinco preguntas incisivas y precisas: no necesitó más para realizar su intervención. De la Peña, profesor en Madrid, advirtió del hecho que la crítica es siempre necesaria, y, si no se ejerce desde la propia profesión, lo hará el Primer Ministro de China por nosotros, influyendo en una intervención breve más que cualquier tratado de arquitectura.
Sus cinco preguntas fueron las siguientes:
-El papel de las escuelas de arquitectura como productoras (más que transmisoras) de conocimiento. Singularmente el papel del PFC como interpretador de la realidad, siempre compartido, un buen barómetro para calibrar intereses.
La proliferación de premios al mejor PFC permite calibrar la creciente importancia social de este fenómeno.
-La segunda pregunta tenía que ver con la caducidad de la teoría si ésta se ejerce sobre obras efímeras o demasiado hijas de su momento. Es decir, puede ser que una crítica se asimile más lentamente de lo que dura una obra.
Esta pregunta tenía un subtema claro sobre la propia velocidad de la crítica, su inmediatez y su eventual desemboque en el gesto o el titular inmediato.
-La tercera apuntaba a la autoría. La profesión se ha vuelto diversa y compleja, y la construcción una aventura que involucra profesionales de alto nivel de muchas disciplinas diferentes. Así, ¿qué sentido sigue teniendo poder hablar de un autor en el sentido clásico(2) de la expresión? De la Peña regresa al PFC como indicador para esta pregunta: los tribunales que los juzgan, actualmente, incorporan ya profesionales de diversas disciplinas. Y concluye si ¿no deberíamos dirigirnos hacia el establecimiento de equipos multidisciplinares de críticos que aporten distintas interpretaciones de un mismo proyecto, simultáneas, complementarias y no siempre concluyentes?
-La cuarta pregunta es sobre referentes. Ante tal diversificación el Pritzker sigue premiando arquitectos absolutamente convencionales. Si cabe (como en el caso del presente premiado, Sigeru Ban(3)) se premian métodos alternativos en trayectorias convencionales, eso sí, con una fortísima implicación social. De la Peña formula dos otras subpreguntas: ¿Deberían aspirar al galardón(4) colectivos de arquitectos, blogueros o escuelas de Arquitectura? ¿Perderán sentido estos premios por la negación de la autoridad(5) de sus jurados o por la falta de interés de estas investiduras elitistas?
La quinta pregunta de De la Peña era la que presentaba mayor calado, por lo que la cito textualmente:
La última pregunta está relacionada con una noticia reciente. El pasado 15 de octubre el presidente de la República Popular China Xi Jinping proclamó el fin de la “arquitectura extraña” en su país (refiriéndose a algunos edificios singulares construidos por extranjeros sobre todo en Pekín)(6) y el comienzo de una arquitectura portadora de valores chinos contemporáneos. El señor Xi puede ser el responsable del nacimiento de una nueva arquitectura oriental ligada a sus raíces culturales y quizás más sostenible socialmente, en la línea ya iniciada por arquitectos como Wang Shu, Liu Jiakun o Yung Ho Chang. Me pregunto qué ha leído el señor Xi, con qué arquitectos ha hablado. ¿Hay alguna obra de teoría arquitectónica o incluso construida que haya tenido una repercusión inmediata y de tal envergadura como este discurso de 2 horas? ¿Deberíamos reconsiderar a quién dirigimos y cómo si realmente queremos transformar las ciudades?

Roca_5Nov_ALTA_038_def

Mi propia intervención pecó de dispersa, errática e informal(7). El único punto de anclaje que tengo con la crítica es mi actividad constante, ejercida (siempre que puedo) los siete días a la semana y expresada mayormente en un blog de arquitectura independiente que queda casi totalmente al margen de la academia, aunque, eventualmente, me haya llevado a dar clases y conferencias aquí y allá. El título de la charla me desconcertó, y me decidí a investigar el término de un modo literal, ahondando en lo que me parece que es una inquietud que viene planeando por el mundo de la crítica, abandonada por las grandes revistas de arquitectura españolas(8), que han perdido su independencia dedicándose a reproducir la información en bruto que suministran los propios estudios de arquitectura prácticamente sin procesar. Así, mi reflexión empezaba contextualizando la práctica de la crítica como un balance entre medios e intenciones. Como contexto tenía en mi cabeza un subtema que procuré, sin éxito, explicitar lo mejor que pude: la Red ha democratizado la comunicación y la crítica de arquitectura(9) en el sentido de que los medios no tienen coste: el único juez es el rigor y la constancia del crítico, y éste puede montarse su plataforma sin encomendarse a nada ni a nadie. Internet, a diferencia de los otros mass-media, es un medio activo. Televisión, radio, prensa se consumen sencillamente mirando. Los contenidos en la red se llaman. Se refrescan constantemente y requieren del concurso del usuario para su consumo. La neurología ha postulado, incluso, que las zonas del cerebro estimuladas durante el consumo de Internet no son las mismas que las que estimulan los otros mass-media(10). De ahí se derivan diversos grados de autoría. Y, por tanto, de sentido crítico: desde los meros apuntes personales a la elaboración de listas pasando por pequeños escritos hasta llegar a lo que se considera convencionalmente un crítico o un autor.
El segundo rasgo diferenciador de la Red es el hipervínculo. La posibilidad de extender cada texto en una ramificación de definiciones, subdefiniciones y contextos ampliados hasta donde se pueda que pueden conectar con rigor el mundo de la arquitectura con casi cualquier cosa. En este magma identifiqué dos claves para generar debate: la crítica como sentido crítico (casi como fuerza vital) y la frontera de la crítica como oficio, que obliga a mantener una actividad constante, a mantener un canal abierto y a dar a las obras la autonomía formal que Cortés reclama. Dentro de este contexto mi posicionamiento personal aboga por la exploración de los límites de la disciplina y la búsqueda de lo que hay en común entre el lenguaje y los modos arquitectónicos y los de las otras disciplinas para saber dónde estamos. Al otro lado de la frontera del oficio estaría el papel del ciudadano como crítico (o del crítico ciudadano). El papel del rigor en todo esto es clave: saber de qué se opina y evitar en lo que se pueda cualquier relajamiento que conduzca al relativismo. Cuando esto se traslada al oficio el crítico tiene el deber de evitar lenguajes opacos que oscurezcan innecesariamente el discurso.

Roca_5Nov_ALTA_064_def

La sala estaba llena de un público heterogéneo en edades (conté 67 años de diferencia entre los asistentes más jóvenes los mayores) que volcó sus inquietudes en el turno de preguntas, enriqueciendo enormemente un debate que, impulsado por Arturo Franco, versó sobre una serie de temas extraídos no tanto de las intervenciones como de lo que éstas sugerían. Así, se pasó por el papel de la experiencia, que llevaba a los niveles de operatividad de la crítica y al público al que ésta se dirige para contestar directamente la segunda pregunta de De la Peña sobre la crítica como opinión o eslogan, de lo que salieron dos cuestiones que planearon constantemente sobre el debate: la responsabilidad y el rigor. El ejercer la crítica con el nombre por delante, poniendo éste (acompañado de su formación y su capacidad de juicio) como garante de lo que se dice y del cómo se dice. Se debatieron también los niveles de autoría a raíz nuevamente de una de las preguntas de De la Peña, mezclando de un modo muy interesante la construcción con la crítica.
Dos otros temas: cualquiera con alguna experiencia docente(11) sabe que un profesor pasa muy poco tiempo con sus alumnos. La influencia que éste ejerce sobre ellos ha de basarse en criterios que permitan al otro seguir con su formación a partir de unos ciertos principios y de un rigor de base más que sobre otros postulados más efímeros. Lo que nos lleva de nuevo a la responsabilidad y sus diversas escalas: desde el crítico desconocido que influyó sobre el primer ministro de China hasta el profesor que forma estudiantes que, antes que nada, son ciudadanos. Así, el discurso es prácticamente idéntico dentro que fuera de la disciplina: responsabilidad, rigor, sentido crítico como un modo de ejercer una profesión y como posicionamiento como ciudadano.

En las preguntas (y la charla posterior) se constató, a veces de un modo un tanto chistoso, la sed de conocimientos de los alumnos, ansiosos de que la crítica amplíe su marco de acción ante este panorama diverso que ellos viven en una de las etapas clave de sus vidas, el agotamiento de algunas de las fórmulas convencionales de crítica y de los medios donde ésta se ejerce, y la necesidad de este rigor en cualquier circunstancia profesional.

(Gracias a mis compañeros de mesa Juan Antonio Cortés, Eduadro de la Peña Y Arturo Franco. También a los comisarios Santiago de Molina, Bea Villanueva y Paco Casas y al personal de Roca Madrid Gallery. Fotos cortesía de Roca.)

Roca_5Nov_ALTA_003_def

(1) Aquí Cortés citó un artículo del crítico de arte Hal Foster: Post-Critical, publicado en el num 139 de la revista October.
(2) Romántico, de hecho.
(3) El ejemplo, para bien o para mal, es mío.
(4) El Pritzker, claro.
(5) Todos los ponentes, sin hablar previamente entre nosotros, incidimos una y otra vez en las mismas inquietudes.
(6) Aquí cabe desde la arquitectura del exceso a edificios atrevidos que proponen otra manera de hacer ciudad, como el Linken Hybrid de Steven Holl o el gran referente de la arquitectura extranjera en China: la Torre de la Televisión de Rem Koolhaas. Ambos edificios están en Pekin. La nota es mía.
(7) Informal en el sentido de que no la formalicé. Cortés y de la Peña presentaron escritos bien trabados y autónomos. Normalmente evito leer en las presentaciones, por lo que intento no presentar textos terminados. Esta vez mi desconcierto me llevó demasiado lejos, así que pido disculpas por la inconsistencia de la presentación.
(8) Cabe aquí señalar que Juan Antonio Cortés ha producido magníficos textos para la revista El Croquis, sin lugar a dudas la más seria y rigurosa en su género no en España, sino probablemente en toda Europa, y, también, la paulatina aparición de revistas y blogs alejadas de los circuitos de distribución convencional donde la crítica se ejerce con vigor y entusiasmo.
(9) Aquí hice, al igual que Cortés, un llamamiento al rigor para evitar caer en ese relativismo que tanto nos molesta.
(10) Una consecuencia es bien conocida por sus usuarios: mientras que la televisión o los libros duermen Internet provoca insomnio.
(11) Y aquí estuvo, de nuevo, muy fino de la Peña sacando el tema.

Esta entrada fue publicada en crítica, Roca Madrid Gallery y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Al borde de la crítica: Postcrítica

  1. Gràcies per la crònica, Jaume.
    Un bon resum pels qui no vam assistir. Només una observació: una de les paraules que es repeteix més al teu escrit és “rigor”. I segurament sigui aquest concepte el punt fix al voltant del qual haurien d’oscil·lar la resta de realitats (crítica, projecte, docència…), sempre canviants (cada vegada més) en uns moments, potser, d’excessiva velocitat per a tot.

    Perquè, si bé som conscients que el canvi de relacions entre crítica i comunicació és un fet ja instal·lat (tal com expresses al teu comentari), encara no està clar (potser ja mai ho estarà) com aquesta (la crítica) troba una velocitat de resposta i un format adequats que permetin la seva autonomia i autoritat comunicativa.

    No sé si la millor critica és la que es fa des de la propia obra, la que fa una relectura amb les mateixes eines (texte contra texte, pel·lícula de cine contra pel·lícula de cine, arquitectura contra arquitectura), pero si les disciplines cada vegada més s’interrelacionen, potser la crítica convencional, textual, ha de configurar-se ella mateixa també com a interdisciplinar, no tant des de la metodologia, que ja és així, sinó des de la participació dels qui l’exerceixen.

    En qualsevol cas preferiria que no desaparegués la visió de conjunt que identifica la capacitat per agrupar l’anàlisi transversal en profunditat de totes les disciplines intervinents. A l’abast de molt pocs de vosaltres, segurament.

    Salutacions!

  2. Pingback: Blog de Fundación Arquia | AL BORDE DE LA CRÍTICA: POSTCRÍTICA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *