Agradecimiento

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Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa… o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.

Michael Ende, La historia interminable

(reacciones desconcertadas a la recepción del premio al mejor blog del año, otorgado por StepienyBarno)

A los diecisiete años tuve la suerte enorme de cursar, en el Coservatorio del Liceo, un curso de formas musicales que cambió, para siempre, mi manera de entender el arte. Y, con él, buena parte de lo que es la vida.

Gran parte del programa consistió en tomar la partitura de Das wohltemperierte Klavier, de J.S. Bach, y analizarla nota por nota. Literalmente. El resultado fue sorprendente: la partitura se te escurría entre los dedos, intangible, magnífica. Inexpugnable. No quedaba nada. No se podía destilar. El análisis (y el curso) terminó con más preguntas de las planteadas al inicio. Y dudas, e incertidumbres, y debates que jamás se cerrarán y pasarán de disciplina en disciplina mientras algunos seguimos buscando de mil maneras diferentes eso. Sea lo que sea eso. Eso es lo que buscas toda la vida en los otros y lo que eres capaz de producir. Y lo haces siempre, incesantemente.

La arquitectura siempre ha sido una de mis pasiones. Y he tenido la enorme suerte de poderla vivir a manos llenas. Y de poderla combinar con todas las otras sin dejarme nada por el camino. Si algún valor tiene este blog es este: el de ser capaz de poder levantar las faldas de cualquier obra, mirar debalo, revelar su estructura, todos los significados posibles (sean o no reales) y, después del proceso, poder seguirla admirando, intacta, como si jamás hubiese pasado por este proceso. Las obras que nos animan y enriquecen, que nos hacen sentirnos humanos-demasiado-humanos siempre se nos escapan y, que, a la vez, son generosas dándonos, día tras día, razones para seguirlas disfrutando. Para seguir buscando. Para seguir insistiendo en esta busca que nos identifica y nos hace sentir, por siempre, vivos.

Sería imposible y, por tanto, injusto, intentar listar las personas que me han ayudado durante esta aventura: desde apoyos diarios e incondicionales que no puedo ni tan sólo intentar valorar hasta conversaciones puntuales que cambian el sentido de la aventura, títulos cambiados tan sólo por tres líneas razonadas, mil anécdotas que ni puedo ni quiero explicar para no desvirtuar. A todos (y todos sabéis quién sois), gracias. Gracias.

Foto: Wish you were here, portada. Storm Thorgerson

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