4_estudios: Michael Roschach_ micromut

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Lo constructivo y lo arquitectónico han ido ligados durante siglos. La crisis ha desligado los dos hechos al forzar a muchos arquitectos a abrir su abanico de actividades por pura supervivencia.
Hay arquitectos, pero, que han decidido abrir la disciplina enriqueciéndola con otros oficios voluntariamente, independientemente de cómo la realidad económica afecta al oficio. Michael Roschach es uno de ellos. Y, a diferencia de muchos otros, su carrera se está desarrollando dentro del mundo de la construcción Actualmente ligada de manera prominente a un material: el hormigón. La carrera de Michael Roschach se entronca con la de arquitectos como Miguel Fisac o Herzog & de Meuron, desarrolladas sobre tres patas: la expresión de un material (el hormigón toma protagonismo especial, que no único, en la carrera de Fisac), el hecho constructivo, una investigación espacial y tipológica desarrollada y expresada a través de los dos primeros parámetros.
donde?
La ubicación del estudio (en este caso, del taller) planteaba una disyuntiva, ligada a la naturaleza del trabajo que se realiza. La sigue planteando, de hecho. Micromut produce objetos. Físicos. Con peso. Los materiales que se trabajan vienen de las afueras de Barcelona. Y no es infrecuente ver dos o tres toneladas de ellos almacenadas. De manera que se requería, obligatoriamente, una planta baja accesible con un vehículo. Si los materiales vienen de fuera de Barcelona, muchos de los clientes y gran parte de los colaboradores son del barrio. Crear sinergias entre ellos, la accesibilidad humana, primaron por encima de las dificultades logísticas que implica mover muchos quintales de material.
Estamos en el barrio gitano de Gràcia. Simultáneamente, uno de los núcleos económicos del barrio (pequeños locales de artesanos, arquitectos, diseñadores industriales, publicistas, etcétera) y uno de los lugares menos conocidos y tranquilos, sin apenas vida nocturna. Algunos vecinos prácticamente viven en la calle. Los locales se volcan a ella, funcionando, muchos, en red, creando relaciones de interdependencia que han hecho que el lugar “se haya vuelto importante”, ya que funciona, por sí mismo, como Michael Roschach quería que funcionase su propio estudio, que se ha sumado sin estridencias al mosaico de empresas existente.
A pocos metros, la plaza del Gato Pérez, un espacio urbano delicioso, de pequeña escala, bien tensionado. Ta íntimo que ni tan sólo puede considerarse uno de los corazones del barrio. Edificios de diversas alturas, siempre mezcla de actividades, un tráfico constante de gente que se conoce.
Un local rectangular de cuatro metros de ancho por unos treinta de fondo, en planta baja, abierto a la calle Josep Torres. Una parte delantera íntegramente acristalada, una pequeña ventana abierta a un patio posterior al que no se puede acceder. Unos tres metros de altura de techo. Poco más.

¿Como?
Sectorizando el local transversalmente en función de las actividades que se realizan en dos espacios dividodos en función de la actividad. El espacio posterior es un espacio vacío, el anterior, un espacio limpio colocado adyacente a la entrada.
Michael es autor (como sucede en buena parte de su carrera) del proyecto y la obra, que ha realizado con muy pocos colaboradores. La entrada se conforma con una carpintería de acero totalmente practicable, cuatro módulos abatibles tres a uno, realizada por un herrero con las herramientas que cabían dentro de una bolsa de mano. Al lado de la puerta, parte de la obra terminada se almacena allí, a la vista, como un reclamo para posibles clientes, sobre un mueble de madera. Importante que sea un mueble porque esta entrada está preparada para que un coche pueda acceder al local.

Detrás, el área de dibujo. Micromut es, también, una empresa de representación en 3-D, y se requiere un entorno cómodo para trabajar de este modo, sentado ante un ordenador.

Tras el área de dibujo empieza el área sucia, separada de la limpia por una mampara (realizada por el propio Roschach) hecha con puertas balconeras recicladas sobre un marco perimetral replanteado in situ que acomoda cada una de las piezas.
Tras la mampara: En primer término, una mesa vibratoria y un banco de trabajo, al final del local el área de almacenaje y la de pulido al agua, en contacto con los puntos de agua y saneamiento.
El local presenta unas limitaciones físicas que, al final, han terminado por variar y enriquecer la manera de trabajar de Roschach. La grúa, fijada directamente a la estructura del edificio, dimensionada por viviendas, queda por encima del tercer cuarto del taller. Se usa para levantar la pieza, desplazando, bajo ella, la mesa de trabajo que se necesita en cada momento. Michael Roschach no considera, para su trabajo, las limitaciones d escala, y, probablemente, este local haya conseguido enriquecer sus métodos de modo exportable a otro lugar donde la producción pueda ser más eficiente.
Para qué?
Michael Roschach entiende la arquitectura como una disciplina basada en tres patas: El material (o materiales) de construcción, con sus técnicas constructivas asociadas, con sus capacidades estructurales y expresivas, el producto singular (edificio, objeto, mueble) específico de cada encargo, y el tipo, entendiéndolo como una categorización de los anteriores objetos a través de sus posibilidades de industrialización y customización. Michael Roschach piensa con las manos. La conceptualización de su trabajo se ha producido por la agrupación en series (por material, por uso) de llos trabajos que ha realizado más que por un condicionante teórico apriorístico.
Actualmente, el taller produce, sobretodo, objetos de hormigón. Éstos no se pueden definir con ninguna otra palabra, ya que su espíritu no es el de un mueble convencional, ni el de una escultura: las piezas producidas pueden ser esto, pero también semicomponentes industriales, sin ningún tipo de relación de escala. Ante mi pregunta de si podría, siguiendo este método, realizar un edificio entero, el arquitecto no dudó en contestar que sí. El único problema a resolver es logístico. Y los problemas logísticos no son problemas para él.

prueba de encofrado flexible .
El taller produce, cada vez más, diseños propios. Michael Roschach es, doy fe, un diseñador extraordinario con un dominio transversal sobre cualquier trabajo que interviene en el proceso de diseño y construcción de un edificio que muy, muy pocos compañeros de profesión tienen: No se limita a ser un buen dibujante. Ha convertido, en un proceso más propio de los ingenieros o los diseñadores industriales, las herramientas de dibujo y procesado en tres dimensiones en herramientas de gestión. Un render lleva asociado un cubicaje del hormigón, una dosificación, un estudio sobre el molde. Los procesos se estudian y reestudian integralmente. Un ejemplo comprensible de esto podría ser su serie de lámparas de mesa. El primer diseño para la lámpara L2 estaba hecho en base a una garrafa de agua de PVC de cinco litros: se cortaba por la mitad, se usaba su parte inferior como un encofrado perdido de un pie que contenía, empotrados, el cableado, el portabombillas y el interruptor. Una segunda pieza idéntica a la del encofrado se usaba de pantalla. Tres lámparas de estas iluminan, desde hace siete años, mi biblioteca. La compañía de aguas que usaba ese modelo de garrafa desapareció. El encofrado actual del pié está hecho de goma, apto para muchos usos. El fuste se ha estriado y desestriado, ha expulsado el interruptor de su interior para realejarlo dentro a posteriori, ha incorporado bandas antideslizantes. La pantalla ha pasado a ser de fibra de vidrio. El grafismo es un relieve incorporado al hormigón pegando, sobre el prototipo en negaivo, vinilos que producen un relieve sutil.
La lámpara L3 (un pié de hormigón del mismo módulo que el difusor, una pieza de plástico blanco) ha incorporado la variable del transporte dejando esperas en el culo de la pieza para fijarla adecuadamente al fondo de la caja y evitar roturas frágiles: pequeños problemas resueltos desde la arquitectura.

Foto: Michael Roschach.

Làmpara L3 y su molde.
El proceso de trabajo es, por tanto, en negativo: no se trabaja directamente sobre la pieza, sino sobre lo que la ha de conformar. El material es un líquido, compuesto y dosificado adecuadamente, autocompactante, que adquiere la forma del encofrado inmediatamente. Los objetos, por tanto, quedan automáticamente conformados, especializados y espacializados, preparados para ser rematados a posteriori con otros materiales. Y es ésta la principal diferencia respecto de otros semicomponentes, o del mobiliario: éste se conforma, usualmente, por planos de madera, piedra, silestone, acero, que juntos, cierran un volumen de aire que el material en vacío no apresa. El hormigón no es así. En bruto no es nada, componentes disgregados primero, un líquido después. Al final de todo el proceso, espacio, aire aprisionado. Las cocinas incorporan senos para los diversos objetos, potes, saleros, compartimentos para trapos o cubiertos. Los tabiques dejan pasos de instalaciones, fondos de armario, cajones, letras, eventualmente refuerzos estructurales. Ningún otro material permite esto.

Prueba de tabique y lavamanos.

Lavamanos 02 en hormigón. Foto: Michael Roschach.
Micromut trabaja, actualmente, mediante series de productos: lámparas, cocinas, fregaderos. Recientemente, tabiques. Rótulos industriales. Esculturas. La promiscuidad entre los encargos y los diseños experimentales es total: el taller no para jamás, desarrollando, simultáneamente, productos terminados, investigación sobre encofrados, sobre embalajes, sobre química del hormigón (aditivos, dosificaciones), sobre su armado. Si, en breve, el taller se ha de trasladar a una nave industrial de las afueras para poder absorber una nueva escala de encargos será una buena noticia.

(Fotos: Jaume Prat, excepto indicadas)

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