Niños de todas las edades II

(A Helena, Marta y Félix)
Sobre el congreso “Arquitectura: Lo Común”, organizado por la Fundación Arquitectura y Sociedad, del 20 al 22 de junio de 2012 en Pamplona.
(Fotos: Jaume Prat/Scalae)


Asistí al congreso becado por AxA (a los que doy las gracias por todo) para cubrirlo para Scalae, agencia documental de la que soy jefe de redacción. La primera consideración sobre el congreso (este y, desde hace un tiempo, cualquier otro) es que para acceder a sus contenidos no es necesario asistir: se retransmitía por internet en tiempo real, bien registrado, fotografiado y filmado. Arquitectura Viva sacará, seguro, un resumen adecuadamente documentado. Como Félix Arranz intuyó a la perfección, lo importante de asistir a un congreso así es el contexto. Por eso, mi encargo era redactar un resumen diario (días 1, 2 y 3, disponibles en Scalae) parcial, gamberro, de cosas pilladas al vuelo. Scalae desplazó, también, tres redactores más al congreso, los zetas, que cubrieron las ruedas de prensa y trataron temas accesorios: la posición de las manos de los ponentes, por ejemplo. El resto es, y será, accesible.
Un congreso implica un desplazamiento (en nuestro caso, una especie de road movie en miniatura a través de un trozo de España), conversaciones con otros asistentes, con los ponentes, gin-tonics, reencuentro de amigos, conocidos y saludados que, por distancia, no puedes visitar frecuentemente, nuevos conocidos, comidas, cenas, visitas de arquitectura a altas horas de la madrugada, abrir y cerrar bares, literalmente, en un rosario de vivencias personales que confunden lo profesional con lo más íntimo, de modo que todo acaba entrando por la piel.
Pamplona es la ciudad de Patxi Mangado, impulsor de la Fundación Arquitectura y Sociedad, autor del Baluarte, el edificio donde sucedió todo, dentro de la sala pequeña: una gradación de espacios comunes, agradables, punto de encuentro, mezcla de ponentes con ciudadanos, espacios de juego para niños, un bar agradable. Todo a dos pasos del centro.

El tema: Lo Común. Ciertas hipótesis de trabajo sobre su naturaleza a exponer y debatir. Subyacente, una hipótesis del propio Patxi Mangado: del marco actual (entendido más como cambio de paradigma que como una crisis económica) sólo saldremos a través de la disciplina. No hace falta reinventar nada: la palabra está vacía, y, además, no tiene sentido. Sólo hace falta un posicionamiento, una reflexión profunda sobre las armas que nos da esta disciplina y un seguir empujando.
Lo común: la gente. Sus necesidades. Los espacios de relación. La precisión. El placer. El lenguaje. El congreso invitó a toda una serie de ponentes divididos en sénior, profesionales de mediana edad y juniores (de edad o de espíritu). Como sénior, cuatro premios Pritzker: Lord Foster, Eduardo Souto da Moura, Rafael Moneo y Alvaro Siza, que cayó del congreso por culpa de una mala fractura de húmero. Arquitectos de mediana edad como Roger Diener o Antonio Ortiz. Junior como Vasa Perovic, Manuel Aires Mateus, Solano Benítez o Anna Heringer. Cada uno de ellos introducido por un patrón.
La obertura: altos cargos políticos y una conferencia de Luís Fernández Galiano, el director de todo. Destacó la intervención de Pilar Martínez, Directora General de Arquitectura del Ministerio de Fomento, dedicada a contextualizar (en cifras) el estado actual de la profesión en el país y a reivindicar la rehabilitación y el parque de viviendas de alquiler. Para mí, hasta ahora, todo esto eran palabras vacías hasta que las cifras las acompañaron: España rehabilita un 13% menos que Europa. Su parque de viviendas de alquiler está ventipico puntos por debajo. Tenemos un parque de más de seis millones de viviendas de más de cincuenta años. Hasta ahora se hablaba de la rehabilitación como de un marco de oportunidad que parecía querer perpetuar el modelo del ladrillo que no funciona. Visto así, toma legitimidad. Martínez habló, también, del marco legislativo en que se enclava la profesión, dedicado, exclusivamente, a la nueva planta. A la expansión periférica de las ciudades. A la desdensificación sólo porque esto, hasta ahora, resultaba rentable para todo el mundo. Sin otra idea urbana que la de un continuo construido que, (des)idealmente, cubriese toda la península, montañas a parte, espero. Sin un cambio en todo esto lo único que seremos capaces de hacer es una multiplicidad de iniciativas sumadas, pero nada organizado: negligir la vertiente institucional es peligroso.
Las ponencias se dividieron entre la exposición de proyectos (algunas de ellas, descaradas, tan obscenas que llegaban a perder sentido), la exposición de proyectos que abren marcos de oportunidad y reflexiones creadas específicamente para el marco del congreso.
A guisa de reseñas parciales: Lord Foster, uno de los que más me impactó, pronunció una conferencia mixta, absolutamente brillante, sobre los espacios de relación, basada en proyectos propios, la mayoría construidos, y en un instrumento nuevo que ha creado para enriquecer su estudio: una oficina de investigación y desarrollo muy potente, con un abanico de temas muy amplio, que va de la sociología a la investigación de nuevos materiales, sin negligir investigaciones más clásicas sobre las proporciones, densidad y tensión de diversos elementos urbanos. Foster parece proyectar en negativo, poniendo los espacios comunes en primer término para, después, con el volumen que sobra, meter los programas deseados por los promotores. Su estudio está más allá de saber diseñar bien un teatro o un centro comercial: esto se da por descontado, y es su entorno lo que cuenta. Esto es tener credibilidad.

Lord Foster parece estar preparando su propia muerte (biológicamente cercana, queramos o no) a base de sistematizar los temas de toda una vida, dar los instrumentos para seguirlos desarrollando, especulando con determinados temas de alcance universal: los espacios de relación, la sostenibilidad, los nuevos materiales. Todo para ampliar em marco de acción de su arquitectura, literalmente, a todo el mundo: me chocó oírlo hablar de los Intocables de la India (definidos por él como una fuerza ecológica que recicla el 80% de los residuos de una ciudad como Bombay). Los Intocables de Bombay tienen un wáter para cada 1400 personas. Dificultades en el abastecimiento de agua corriente. Falta de privacidad, una subequipación inédita aquí, una densidad salvaje, tal falta de espacios comunes que usan, para montar mercados, las vías del tren: arquitecturas (con toldos incluidos) de poner y quitar ocho veces mínimo al día, una cota cero tapizada de mercancías hasta, literalmente, un centímetro de los ejes de las ruedas de los vagones. Aquí falta todo. Hasta el presupuesto para ocuparse de esta gente. La reflexión sobre qué hacer, cómo hacerlo, sobre el aprovechamiento de encargos privados para enriquecer la res pública, la obertura de nuevos marcos de oportunidad para todos.
Foster ya ha construido una ciudad. Tendría que estar de vuelta de todo, pero todavía va, sigue trabajando, recogiendo y reciclando su enorme intensidad para poderla enfocar a todo. Literalmente. Lo mejor de todo es que no me puedo sacar la impresión de que sus palabras se quedan cortas respecto de lo que hace: Lord Foster siempre ha explicado sus edificios de un modo instrumental, quedándose, en estas explicaciones, muy por detrás de todos los temas expuestos.
Un descubrimiento: Anna Heringer. Dos años más joven que yo. Tuve oportunidad, después de su ponencia, de hablar un rato con ella, y, por tanto, lo que diré ahora mezcla expresamente impresiones. Anna Heringer es una arquitecta austríaca que trabaja mucho por Bangla Desh, respondiendo (y rentabilizando) sus propias inquietudes personales, plasmadas en un PFC que construyó allí. Devolviendo, además, parte de la inversión que se hizo para darle el título. Y lo construyó ella misma. Haciendo pruebas con sus propias manos, usando a sus clientes, la colectividad, como promotores, ejecutores y usuarios finales. Evidentemente los edificios que ha construido allí son complejos multifuncionales muy volcados a los niños, mezcla de escuela, centro cívico, residencia, etcétera. Y los ha construido usando técnicas ancestrales conocidas por la gente del país, criticadas y mejoradas según su criterio: tapias de barro y paja, estructuras de bambú de gran luz, importaciones como fachadas verdes (y vivas) hechas con medios muy precarios. El resultado son edificios con autonomía formal, dignos, completamente adaptados a todo: al lugar, al clima, a los recursos.

Anna Heringer
Peter Buchanan propuso una reflexión brillante: no se trata tanto del “¿Cuánto pesa su edificio, Mr. Foster?” como de “¿Cuánto pesa extraer lo que pesa su edificio, Mr. Foster?” En el caso de Anna Heringer, el resultado de la ecuación es tan cercano a 1 como pueda ser humanamente posible.
Complementariamente a esta conferencia, Solano Benítez presentó su propia obra. Hablaré poco de ella porque su enorme interés convertiría este artículo en un monográfico. Destacar (más que nada por cerrar el círculo) dos obras: la casa de su madre y la tumba de su padre. Solano Benítez tiene un talento excepcional, que lo entronca con Eladio Dieste. Se expresa trabajando con un rigor técnico extraordinario, que da como resultado unas obras austeras, casi infraestructuras independientemente de su escala, de gran austeridad, basadas casi monográficamente en el uso de un solo material: el ladrillo manual del Paraguay, trabajado y cocido con técnicas tan precarias que su resistencia es menos de la mitad que la de un ladrillo mecanizado europeo. Trabajado, entonces, sin todos esos coeficientes de minoración que hacen que una estructura “nuestra” esté, casi sistemáticamente, doblada o incluso triplicada en su resistencia, tan sólo para la tranquilidad de los que han hecho la obra.
Solano Benítez, adicionalmente, está criado en un país bilingüe que presenta dos lenguas extraordinariamente diferentes: el castellano y el guaraní. Esta dualidad se traslada al paisaje del país y a su gente (y, por descontado, a su obra): agricultores que cultivan enormes campos de soja transgénica destinada a nuestros mercados conviviendo con agriculturas de subsistencia para ellos mismos. Diversas escalas de riqueza o pobreza que él soluciona tratando toda su arquitectura exactamente igual. O, incluso, “dejando la sala de juntas de los gringos sin un solo ladrillo entero), como explicó: la foto mostraba, realmente, esto, y, como podéis imaginar, la textura resultante era bellísima. Sobre el lenguaje: el concepto occidental de la palabra “árbol” implica que éste es un organismo dependiente de la tierra en la que se fija. Que se alimenta de ella y que, por tanto, se ha de cuidar de un modo artificial. La etimología guaraní para “árbol” convierte esta palabra en compuesta. Una de sus dos raíces es “tierra”. La otra, alimentar. En guaraní, un árbol fertiliza la tierra. Pensar y equilibrar las palabras en los dos idiomas da una relación de la arquitectura con el medio radicalmente diferente de la que nosotros concebimos.
La interacción entre las tres ponencias (Lord Foster, Heringer, Benítez) fue uno de los momentos más interesantes del congreso: juntar inquietudes. Viajar de ida y vuelta de occidente a cualquiera de estos países, trabajando y ampliando nuestra cultura, nuestros temas de interés. Tomando e importando los parámetros de funcionamiento y de gestión de estas arquitecturas y trayéndolo aquí. Cada vez tengo más claro que la crisis no es culpa de los políticos sino de habernos, todos, acomodado demasiado como sociedad.

Anna Heringer, Peter Buchanan, Solano Benítez.
Más temas: Cómo nos proyectamos los arquitectos. Quiénes somos, en términos propositivos, de liderazgo. Qué somos, si se quiere, en esencia (palabra peligrosa, lo sé). Cuál es nuestro lenguaje. En una mesa redonda entre José María Fidalgo, Juli Capella, Manuel Aires Mateus y Vasa Perovic se habló de nuestra condición de personas antes que arquitectos (o de cómo somos arquitectos en cuanto que personas). Aires Mateus abrió fuego hablando de la responsabilidad (curiosa palabra como respuesta a la pregunta, que versaba sobre arquitectura y placer): nuestra responsabilidad como productores de belleza (una de las bases del placer), en idénticas condiciones que cualquier otro artista que ejerza una bella arte. José María Fidalgo contestó (grandeza del congreso), no como arquitecto sino desde su condición de cirujano ortopédico, reflexionando en términos fisiológicos sobre la belleza y el placer, productores de entalpía que reacciona sobre la condición entrópica de la naturaleza humana. La belleza y el placer se perciben en el paleoencéfalo, a nivel subconsciente, sensacional. El paleoencéfalo, recordémoslo, es la parte más primitiva de nuestro cerebro.
A través de esta capacidad de producir entalpía, los arquitectos restauramos constantemente nuestra condición humana, más en estos momentos en que, en nuestra sociedad, nos estamos, precisamente, deshumanizando. Por tanto, esta capacidad nos convierte en líderes. En gente formada específicamente para mejorar y evolucionar la humanidad. La Humanidad, a través de la condición universal de nuestro trabajo. Este trabajo es importante, y, por tanto, Fidalgo acabo su intervención dirigiéndose a los jóvenes, la parte más perjudicada de la profesión, para recordarnos el imperativo moral que tenemos de ejercerla. Moneo remató, al día siguiente, diciendo que no hay ninguna generación de arquitectos perdida. Después, en su ponencia, contextualizó nuestra manera de expresarnos respecto la historia de la arquitectura y la transformación que el lenguaje ha sufrido a través de los siglos.

José María Fidalgo, Manuel Aires Mateus, Juli Capella, Vasa perovic.
Moneo empezó su intervención con una foto del Palacio del Te de Giulio Romano y la acabó en las puertas de la Fundación Ibere Camargo, de Alvaro Siza. Pasó a toda prisa por las arquitecturas previas a la actualidad, parándose en McKim, Mead & White como historicistas y en la intervención de la Weisenhoff en 1927 donde obras de Mies van der Rohe y Le Corbusier convivían a escasos metros. Después, Koolhaas, Herzog & de Meuron, SANAA, el propio Siza. Arquitectos con maneras de expresarse diversas, prácticamente opuestas, algunas de ellas (como SANAA) tan radicales que parecen querer matar el lenguaje. Y concluyó no cerrando, sino abriendo, retando a los críticos actuales y futuros a corroborar una intuición suya: que todo podría ser lo mismo.

Rafael Moneo comentando la Villa da’ll Ava.
En el fondo, todas estas intervenciones se centran en la disciplina como respuesta, y en cómo ésta obliga a los arquitectos a actuar (singularmente, a los jóvenes). En su condición universal, en la relación de todo esto con la sociedad, incluso en como esto amplía esta sociedad. Todos estos son temas de reflexión, de fondo, que convivirán con nuestras tareas cuotidianas, alimentadas por esta ráfaga de optimismo que representó estar allí estos días. Y el recuerdo de haber descubierto dos secretos en la cima de una loma vetosa un día de sol y buenas vistas, justo antes de ir a comer a una pizzería donde tenían buena carne.

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