1/8: Nitidus Arquitectes_ Josep Mª Miró




Cuando la estación se hace parque.
(Gracias a Josep Mª Miró por la información y, sobretodo, por el interés)
La propuesta ganadora. En estos momentos el proyecto está en curso, y se va definiendo sin grandes cambios respecto del que aquí se esbozará. Josep Maria Miró se disculpó (entiendo que ante los lectores del blog) porque no puede desvelar, por contrato, nada más allá del concurso. Por tanto, la información de trabajo es exactamente la misma que la que tengo de las otras propuestas, y puede ser, así, evaluada del mismo modo. Cuando empiece la obra será diferente: entonces sí la podré seguir e informaros puntualmente de ella.
El montaje de los paneles de concurso es muy coherente respecto de la propia propuesta: panel horizontal dividido en una serie de ventanitas sin enmarcar, estrictamente rectangulares, dentro de las cuales se disponen textos, imágenes, planimetría. El primero de ellos contextualiza el edificio los otros dos explican su funcionamiento. Dos cosas más sobre la presentación que caracterizan el proyecto: ninguna perspectiva, ni tan sólo las interiores, se presenta sin contextualizar. Siempre hay algún rasgo del entorno que se cuela y marca cualquier espacio representado.
La segunda cosa es el plano de emplazamiento, otro rectángulo perfecto donde la Barceloneta aparece con la punta recortada (tampoco creo que haberla sacado entera hubiese afectado en nada el proyecto). Éste está digujado en negro, gama de grises y verde flojito. Rojo encendido para saber dónde está el edificio. Analizando este plano tenemos el 90% del proyecto.

El dibujo es muy preciso. Su encuadre, también. En el centro del plano encontramos una mancha verde: es la Ciutadella futura, que tiene como puerta a Barcelona el Arco de Triunfo, que engloba el Paseo Picasso y que llega al mar, comiéndose las vías férreas que ya no estarán a partir de 2015. La mancha se mete dentro de la Estación de Francia e invade los andenes y la estructura de Pelagi Martínez. Esta estructura aparece dibujada con precisión mostrando sus pórticos equidistantes que, en el eje X de unos hipotéticos ejes de coordenadas definidos por la directriz de la parte “húmeda” (por el tipo de construcción) de la estación, la construida por Muguruza y Duran Reynals, son estrictamente paralelos entre ellos, mientras que su directriz en el eje Y es curva siguiendo la directriz de las vías y forzando los porches a una geometría extraña que va abriendo los arcos semicilíndricos.
La Biblioteca sigue estos ejes de coordenadas, y es estrictamente ortogonal. Su huella en planta es un rectángulo largo y estrecho, muy esbelto, partido en tres. Aparece dibujado en rojo oscuro hasta la altura del edificio “húmedo” en U. Luego la mancha verde pasa por encima de ella y queda representada por una simple línea roja.
Hemos de pensar que es un plano de emplazamiento dibujado no sobre la planta de cubiertas (no tiene el más mínimo sentido dibujar así los planos de emplazamiento, como no sea el puro exhibicionismo del edificio) si no sobre la planta baja. Un plano de flujos, de movimientos que pueden hacer los peatones. De posibilidades.
Sobre la parte húmeda, sólida, privada, cerrada, un cuerpo de la biblioteca sólido, cerrado, hermético. Habremos de buscar la puerta y entrar.
Sobre el porche de la estación el rectángulo de la biblioteca sube. Se eleva sobre algún tipo de estructura y deja pasar el aire, la gente, el parque, hasta el interior de los porches.
Y más: el eje Y extraño al que se ven forzados los porches de la estación encuentra su eco en el edificio. Ahora se puede hablar de la línea que falta: una especie de V muy apaisada que envuelve el rectángulo elevado por el lado de la estación. Esta geometría extraña queda entregada al cuerpo ortogonal mediante un artificio que da al porche la fachada urbana que no tiene. Que jamás ha tenido. Que jamás ha necesitado por ser, sencillamente, la cubierta de unas vías.
Esto es la Biblioteca: una ampliación de la Estación. Una tirada que adaptará este complejo, este edificio singular, a la nueva realidad, que conservará una estructura remarcable cuando su razón de ser desaparezca. Que la enchufará a la nueva Ciutadella, que la proyectará hacia el mar.
Cuando el entorno es incierto, cuando no puedes aferrarte a la geometría de una calle que no se sabe si seguirá, cuando las vías han de desaparecer, cuando las fronteras del parque se difuminen, la estrategia es la compacidad. Se amplía la estación no fijándonos en su programa funcional si no en su geometría. Ésta lo organiza todo: programa funcional, relación con la ciudad, movimientos de las personas.

Las bases del concurso marcaban un acceso por el centro del edifico. Éste es comprometido, difícil de hacer. Lo que puede ser una buena posición a partir de un organigrama completamente abstracto puede causar un follón urbanístico, puede hipotecar una calle que no está preparada para absorber todo el flujo de público y puede hipotecar, incluso, un edificio que parece que haya sido destinado a tener acceso por la Avenida Marquès de l’Argentera.
La manera de solucionar este problema sin dejar de cumplir las bases es brillante. Algunas de las mejores propuestas de concurso asocian la entrada a un espacio público, a una plaza. Alguna propuesta decide, incluso vaciar la planta baja de todo el edificio sin, luego, definir ningún uso asociado a la misma. La solución de Nitidus Arq es más sutil: respetan el acceso por el medio del edificio… sin que, realmente se enrtre por el medio, sino por uno de sus extremos: donde debería de haber la otra mitad encontramos un porche, un espacio vacío. Un espacio vacío que tiene sentido por diseño, por escala, por proporción, por programa. Un espacio vacío que apenas necesita ser diseñado para funcionar. Des de la Ciutadella el porche tiene, aproximadamente, un 50% de su longitud contra un fondo de edificio. La otra mitad queda volcada contra el porche de la estación. El acceso se produce chocando cintra la pared y girando a la derecha. Des de Marquès de l’Argentera, cuando giras y embocas la roda, quedas obligado a un giro de 180º que te prepara para acceder al espacio. En el interludio, un espacio público de dimensión suficiente.
Si no se entra y seguimos hacia el porche de la estación encontramos que allí se volca el bar: nueva tirada para su uso futuro. Entre el cuerpo húmedo de la estación y la Biblioteca aparece un pasaje de nueva creación: ni tan sólo hace falta acceder a la ronda para entrar. Este pasaje aparece asociado a un bar y a un pequeño acceso secundario.

La organización interior del edificio es muy sencilla y se basa en unas reglas de juego básicas que dan sentido a los espacios por sí mismo, independientemente de su diseño e incluso del tipo de mobiliario propuesto: la organización del edificio en tres volúmenes separados por unos patios estrechos y hondos, una banda de servicios y núcleos volcada hacia la estación. Grandes salas en el resto, apenas compartimentadas. La estructura en fachada. Voladizos en el tercer cuerpo (el que, a sur, forma el porche). Dentro del edificio aire, mucho aire. Salas a doble altura en casi todos los cuerpos. Circulaciones principales bien estudiadas y una sorprendente compacidad: el edificio tiene hasta cinco plantas. Su diseño apaisado las disimula a la perfección.
Por mucho que el espacio no necesite se amueblado para funcionar, los muebles aparecen dibujados, también, con precisión: libros y usuarios mezclados. Áreas programáticas bien definidas, pero sin hipotecar el espacio. La flexibilidad futura del edificio queda bien definida.

Nitidus ha sido sensible al tema bioclimático, con una sensibilidad “de oficio” que ha permitido incorporar el tema de un modo muy natural: patios, ventilaciones cruzadas, instalaciones integradas y un no complicarse la vida ni estructural ni constructivamente que dotan esta propuesta de niveles de lectura progresivos. El edificio se va haciendo complejo a medida que lo vas mirando. Su funcionamiento se rebela por capas, como una cebolla, con todos los elementos constantemente a la vista. Sólo se ha de ir desgranando, pelando, profundizando.

La guinda va a ser un muro cortina, que tengo ganas de ver diseñado, que, prometen, se dará sombra a sí mismo. Si acaba con este nivel de sencillez trabajada tendremos un edificio ilusionante. Habrá que irlo siguiendo hasta que podamos convertirnos en usuarios. Ya tengo ganas.

Más información sobre Nitidus Arquitectes a www.nitidus.cat

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