Homo florensis

Hablábamos ayer de plazas en Leucate, días de pre-crisis de una arquitectura catalana cansada, exhausta, aburrida de si misma , que ha dejado que los antiguos despachos crezcan demasiado sin permitir que sus miembros más jóvenes se independicen, aunque ,quizás, tampoco tendrían gran cosa que decir … Construcción por la construcción sin reflexión ni autocrítica.
Esta tarde miraba un resumen del Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, vivienda social, promociones y promociones, toneladas de un oficio que surje de un no son genios lo que necesitamos ahora , de un modo de hacer rutinario, que reparte el pastel entre pocos arquitectos asqueados de si mismos y de una profesión que los ha distanciado de la sociedad a la cual sirven, de un model de habitar que no se creen ni cuestionan, derivado de la nostalgia de tiempos pasados que no debían de ser mejore, pero trascendidos al final por una mediocridad insondable, circular, cínica. Estaban todos: desde la difunta Rosa Barba (su nombre raptado por un premio de arquitectura prestigiado gracias a una propaganda mántrica, pesada, rallante ), representada por un par de promociones que no se distinguen de las de otros colegas suyos que han cometido el pecado de estar vivos y en activo, hasta los Naxals, Alonsobalaguers, Artiguesanàbries, Sòries, etcètera, etcètera. Renders invariablemente en escorzo, perspectivas siempre exteriores, a media distancia , sin referenciar entornos sistemáticament negligidos, desprecio absoluto por unos espacios interiores siempre dejados , confiados a la elección de una serie de materiales en los que no creen, mallas revistiéndolo todo, persianitas coderchianas, ventanitas aaltianes, alguna ventana tímida y falsamente corrida, ningún tipo de intento en hacer nada que valga la pena ni a nivel estructural, ni tipológico, todo confiado a un maquillaje que ya era viejo al empezar a aplicarlo: bienvenidos al mundo de unos maestros que utilizan la facultad como los Dvds de niños de tres meses los pederastas: cobardemente, falsamente, a la distancia de una pantalla.
Esta arquitectura se empequeñece como las sociedades aisladas: se masturba, se retroalimenta, vive de referencias de referencias de referencias, aparentando que Miralles no ha muerto, aparentando que no es culpa suya que los jóvenes no estén (no estemos) bien preparados, sintiéndose falsamente paternal respecto de los promotores, de los usuarios, de las nuevas generaciones, de los políticos. Aburre. Aburre de la manera en que aburre a gente demasiado poderosa , siempre repitiendo la misma historia que estamos todos obligados a escuchar, a oír con la desesperación de quien sabe que, por mucho que se repita, que se grave a fuego , por mucho que se publique, nunca será verdad. Disfraza su propia mediocridad de un oficio puntuado como el golf: al revés, de una obra que es buena cuando no comete errores, que ha de pasar del croquis a la materialidad sin contaminarse de una realidad tozudamente negada. Esta arquitectura se empequeñece como los propios pisos que contruye , treintaisiete metros cuadrados que se han convertido en norma de fe, que nos hacen pasar por buenos, a los que se ha llegado por un proceso de fatiga colectiva, de especulación de la que todos son cómplices. Esta arquitectura es mentida.
Publicaciones del Incasól llenas de concursos, revistas madrileñas e internacionales, de vez en cuando buenos edificios que invariablemente aparecen lejos , libros históricos escondidos entre la inmensidad de estantes de las bibliotecas de las facultades:: nos seguimos masturbando, el placer ya ha pasado pero queda aquel orgullo derivado de la fuerza física, de un querer seguir haciendo que es todo voluntad, que viene de un no querer parar ni entender que sin placer el acto no es nada. No es que los arquitectos holandeses, británicos, españoles, suizos tengan modelos diferentes, sencillamente se trata de la distancia que toman del centro, del origen, de la ilusión, de las ganas de trabajarlo. Del posicionamiento respecto nuestro 2007. De una alegría que se vive como una traición a una manera de hacer que prima el esfuerzo vacío por encima de todo , un sacrificio hermano del de las Emparedadas de Astorga o los picados en las procesiones de semana santa.

Pienso en alguno de los edificios que últimamente me han gustado de la arquitectura catalana: viviendes en Solsona (Clotet Paricio), visitadas hará dos semanas o tres, el paso en dos fases de la misma promoción del postmoderno al moderno, la autocrítica de un encargo rehecho a media construcción, la valentia de dejar una parte de la obra inacabada , pilares soportando el cielo dialogando con la catedral, “collage” difícilmente comprensible de materiales dispares, residuos franquistas mal derribados para su correcto reciclage, diálogo de medianera a medianera de una fachada-de-persianas-por-delante falsamente convencional con una casa modernista con la primitiva promoción postmoderna cortada , abandonada a media construcción, dejada la pared ciega i hecha la conexión con la calle inferior: una ilusión, al final, producto de los años, de la experiencia, del saber más, del no rendirse, de ir enrosacando y enroscando a riesgo de pasarse de rosca, de la ausencia de miedo a equivocarse, incluso de alegría por hacerlo, de l’acceptación de decisiones tomadas arbitrariamente, de las ganas de superación personales. Del sentirse vivo a los sesenta, del dignificar una ciudad que para mucha gente sólo es de paso . Del creerse un encargo . Del disfrutar .
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Impresión de poder, de frescura, impresión de tranquilidad, impresión de sabiduría. Clotet y Paricio quieren , consiguen y no imponen: las viviendas me pasaron desapercibidas hasta quince días después de mi primera visita reciente a Solsona. ¿Qué cojones era aquello?. Recuerdo una primera (y única) publicación, como un espejismo , promoción especular de la que tienen en la villa olímpica de Barcelona pasada a Solsona, oportunidad de pillar la pasta y correr, materiales más cutres, menos cuidado. Al final, el monocapa aparece como un revestimiento que hermana con las casas vecinas de Ignasi Oms, de Bernardí Martorell, arquitectos a estudiar, para aprender, a querer , de los que se ha de contar una historia siempre interesante por esta dignidad de tercera que atribuye construir alejados de todo. Cerrajería resuelta sistemáticamente con acero galvanizado cutre, trascendido por su pobreza, por su monolitismo, por la fragilidad que otorga un trabajo delicado, elegante, frágil, muy aproximado al que hace setenta años se hacia con el hierro dulce y mejores artesanos. Cubierta técnica separada del edificio, rehundida , terminada con tochana revocada sin pintar: puertas RF en el frontón, accesos al parking colocados en un residuo del solar, bajo un apuntalamiento valentísimo, que te tira encima todo el peso del edificio cada vez que se entra. Porterías blancas, luminosas, plantitas , madera clara, un terrazo bien puesto , aceptada su modestia, cuidada la elección de un color que juega muy bien con el resto del diseño. Todo es lo que debe ser .
Y entonces , el milagro: construcción de la primera fase terminada , la segunda literalmente a continuación, dos porterías más a enlazar con una casa modernista que gira una parte de la muralla, adosada antiguamente a unas viviendas franquistas anodinas, sin más interés que le que hayan podido provocar con lo que ha trascendido de su antigua existencia. Medianera revocada, comunicación entre dos alturas del solar (un piso y medio de desnivel) a cielo abierto, con paredes, pero, y un nuevo edificio: horizontalidad contrapuesta al ritmo vertical de la propuesta antigua y de la casa nueva, una horizontalidad aprisionada entre dos edificios dignos, que no tiene espacio para crecer y desarrollarse. Una fachada que se retuerce sobre si misma con el objetivo de tener más longitud, que gira con naturalidad, si que pase nada. Una composición es toda entorno,que es toda lo que convoca a su alrededor: la propia primera construcción convertida (y trascendida) en preexistencia, la casa modernista, la muralla, el paso entre todo. Los materiales, los colores, todo bien elegido. Sencillez , la dosis justa de arquitectura.

No se ha publicado.
Paricio no aparece en ningún resumen del del Incasòl. Ni del patronato. Ni han construido más obra pública que yo conozca, excepto por la magnífica (¿podía ser de algún otro modo ?) promoción de Sant Pere de Ribes. No forman parte de esta profesión cansada, autocomplaciente , aburrida.
Les recuerdo comiendo en el casino del Poble Nou, en la mesa de al lado , elegantes, abstraidos de nosotros , todo sencillo , un bar de barrio en la ciudad, callos , paella decente los jueves , ensaladas verdes sin título ni adjetivos: quizás construyen así. Del bolsillo la camisa de Clotet sobresalían lápices , más de un. Miraban el televisor sin verlo y nunca sabré de que hablaban.

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